sábado, 31 de octubre de 2020

fase uno

Hoy es de esos días que había olvidado.
Esos días que parten mal y se van poniendo peor hasta que el cuerpo decide entrar al sueño para protegerse.

De pronto me siento muy ridícula. 
Planeando una boda en medio de una pandemia. 
Habiendo encontrado amor cuando todos los demas se están enfrentando a la muerte y la desolación.
No nos podemos congregar, no podemos salir del país, ni siquiera se puede trabajar correctamente pero yo tengo codigo de novios y partes digitales.

Cada vestido que veo, cada mesa, cada publicidad en redes sociales me llena de miedos. Miedo de estar haciendo el loco, de estar soñando con un día que no va a llegar realmente. Con una vida que nunca va a empezar.

Estos últimos tres meses he sido tan feliz que me había olvidado cómo se sienten estos días sin hambre, estos días en que la Mery viene a preguntarme por qué ando con tanta pena, estos días de desgano.

Había olvidado las horas de angustia, estar a cargo de alguien que puede morir, que va a morir más pronto que tarde, tener que ajustar la vida y los deberes en pos del cuidado de otro. Aprender cosas nuevas como tomar la presión arterial, pedirle a una enfermera que me enseñe los básicos y saber identificar las señales. Había olvidado ese tipo de nerviosismo, ese miedo tan particular.

No soy una persona que le teme a la muerte, no en lo personal. De hecho, lo contrario, Alberto Benjamin Simpson me exhortaria por suicida. Pero aunque entiendo que han sido cuatro años ya, aún se siente como si Dios quisiera llevarse a la otra madre que tengo sólo horas después de haberse llevado a la primera.

La huérfana planeando una boda. Ridícula.

He estado recordando quién era el 2016. Sola, autosuficiente, servicial, sacrificada, sola, suprimiendo sentimientos para sobrevivir el día a día.

Las crisis ponen todo en perspectiva.
Te obliga a revisar qué estás haciendo y al parecer yo he estado haciendo todo mal.

He estado aprendiendo a ser pareja, a ser dos, a ser la novia de alguien, a pensar en otro, a preocuparme de otro como si fuese lgo propio pero lo he estado haciendo mal. Y hoy no siento esperanza. No siento que pueda cambiar.

No sé cómo amar sin consumir
Ni como estar en equilibrio
No sé cómo ser individuo y como ser pareja. No sé cómo querer menos
Pero siento que he perdido tres cuartos de corazón en el intento.
No quiero volver a ver una cara de rechazo
No quiero volver a pedir ayuda y no recibirla
No quiero todas las restricciones que están siendo sugeridas.
Quisiera querer de otra manera
Con menos ansiedad con menos intensidad pero eso es lo que siempre he sido, ansiosa e intensa.

Me siento pequeña. Pequeña en muchos sentidos. Pequeña en experiencias, pequeña en querer aprender sin maestro, pequeña a mal traer, pequeña huérfana, pequeña con miedo, pequeña sin valor...

He vuelto a ser una niña que sueña con una boda, un vestido de novia, un esposo y una familia mientras la gente se enferma y se muere, mientras el mundo no mejora, mientras todo se desmorona.






No hay comentarios: