Ensayo
Critica en base al texto; “Falta de cultura una paradoja social” de Francisca Meza
¿Cómo se suple la aparente falta de cultura? ¿Puede y debe la literatura responder a esta inquietud o alguna otra paradoja social?
Hablar sobre cultura tradicionalmente nos conduce a definiciones que se relacionan con otros conceptos que es necesario incluir, como lo son el de identidad e historia.
Sin embargo es importante tener en cuenta como la literatura, el arte de expresar nuestros pensamientos, y emociones es por lo general una actividad personal, por lo tanto si tuviéramos que reducir a una palabra todos aquellas que surgen al intentar hablar de cultura, tendría que ser identidad. La cual está conformada por todas las características que nos hacen únicos e irrepetibles pero que a su vez nos entregan la posibilidad de interactuar con otros individuos presentes en el entorno en el cual nos desarrollamos.
De esta forma el entorno, y el desarrollo en comunidad del ser humano hace inevitable que la identidad se revista de “lo social” y que por lo mismo conforme junto a otros elementos aquello que denominamos cultura.
No obstante en esta primera década de siglo XXI ¿no es posible que cuestionemos de una vez y por todas esas formas clásicas de comprender identidad y de comprender cultura? ¿Es absolutamente necesario asociar la historia con la identidad? Siempre debemos responder a ¿Qué había? ¿Quiénes eran? ¿Cómo fue? En vez de ¿Qué está pasando?¿Quiénes somos, cómo seremos?
Tiene mucho sentido dejar atrás la historia para concentrarnos en la actualidad y los fenómenos veloces y desconocidos a los que nos vemos enfrentados en todas las materias qué están silenciosamente influyendo en nuestra identidad y gritándonos educadamente que dejemos de añorar ideales que no son, o que dejaron de ser.
¿Qué es lo que una conciencia latinoamericana debe entregar? ¿Los elementos comunes que los países de esta región presentan? Vida pre colona que no se conoce, porque no existe basta literatura que la retrate, sufrimiento post colonización, dictaduras varias, pobreza.
¿Cómo va a añorarse limitar el desarrollo de la literatura de esa manera? Que despotismo disfrazado de nacionalismo, (entendido claramente como el amor a la nación) obligar o responsabilizar a la literatura con la carga de integrar, unir, o cohesionar al pueblo latinoamericano cuando difícilmente se puede hablar de uno.
En nuestra región, estandarte de la división cultural es más fácil de identificar el inconveniente que venimos introduciendo. Si no es posible definir a que cosmovisión respondemos en nuestro interior a un nivel país, es prácticamente absurdo plantear la existencia de ésta a nivel de región mundial. Es por esto que surge la idea impopular de considerar esta característica como parte primordial de la cultura, este afán de copiar costumbres, usos, lenguajes, modas que no nos “pertenecen” y es más instaurarla como la cultura chilena en su máximo esplendor. Con esta conclusión podría llegarse incluso a pensar que no hay necesidad de suplir falta de cultura, sino que es momento que la Literatura mueva sus hilos y nos muestre en qué se ha convertido la cultura Chilena.
Si quisiéramos plasmar ese sentir histórico de dolores, angustias, logros y éxitos que los pueblos originarios integraron a la cultura de forma íntegra, transformándola en nuestra identidad actual, ¿Dónde quedaría la organización política y jurídica? ¿La globalización, los fenómenos tecnológicos y las revoluciones comunicacionales? Que rol jugarían si la construcción de la cultura debe remontarse a las raíces y el pasado.
Es momento de analizar el Chile de hoy, la gente de hoy. Somos un grupo humano que constantemente busca ser mejor a otros basándose en criterios monetarios, somos copiones, nos gusta ver tele, llegar tarde, celebrar halloween y poner árboles de navidad con adornos de nieve en verano, nos gusta decir que somos católicos pero no vamos a misa ni leemos la biblia, nos gusta justificarnos y hacernos los tontos, nos gusta estar calientitos en la casa quemando leña que hace mal al planeta pero igual no más peleamos por políticas verdes, nos gusta decir palabras como; “sorry” pero también alegar que estamos en Chile si nos corrigen alguna pronunciación, nos gusta hacer todo a última hora, nos gusta chaquetear y pelar, sacar la vuelta, culpar al gobierno de todo y no informarnos que ocurre en el congreso, nos gusta la cuarta y no el diario oficial, no nos gusta hacer ejercicio pero compramos bicicletas creyendo que nos pareceremos a los holandeses si la tenemos guardadas en el patio, nos gusta rayar; asientos, mesas, calles, nos gusta tirar papeles en la vía pública, nos gusta decir que nuestro hijo es médico o abogado, y aun utilizamos palabras como “negrito”, “huachito” y “maricon”.
Esa es nuestra cultura, quizás el lado más negativo de ella, pero para enfrentarnos a esa tremenda palabra que siempre está trayendo el pasado y el origen de todo es necesario incluir lo que hacemos en el presente y la forma en que vivimos. Así se moldean identidades, se transforman culturas y por fin la literatura nos está concediendo esa libertad. La opción que necesitábamos de retratarnos tal cual somos, sin más mentiras en los libros de historia, sin cuentos de Galvarino peleando sin manos, ni de citas como la “Contienda es desigual”. La opresión cultural ha terminado, el imperio de la historia finalmente ha acabado en esta época moderna en que entre todos creamos e impulsamos esa visión crítica de todo que hace falta y se extraña
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