Si me hubiesen preguntado hace un mes, ¿Qué es lo que quiero de la vida? O ¿Cómo me veo en diez años? Lo primero que hubiese venido a mi mente sería mi bendita carrera. Mi licenciatura en ciencias sociales y jurídicas, mal conocido como leyes, o Derecho. En diez años con suerte estaría terminado el pregrado, también mi solicitud para estudiar en la academia de diplomacia, de hecho estaría trabajando como representante de mi país en algún Estado pequeño. Eso hubiese respondido como mi primer deseo, luego hubiese pensado en el ámbito de la vida personal. Hubiese dicho que quiero una pareja estable incluso ya constituida en matrimonio, y tranquilidad en todos los sentidos que la palabra abarca (bienestar económico, familiar, social, mental etc.)
Ahora me doy cuenta como pretendí omitir el ámbito más importante de la simple vida terrenal. Era una vacía espiritual, sin convicciones serias, ambiguas y sobre todo alejadas de la verdad por triste comodidad. Me escondí tanto tiempo en literatura barata, disque expresando mis sentimientos a través de las palabras.. Pero cuando veo hacia atrás sólo veo angustias, penas, dramas y traumas. ¿Cuándo escribí de lo maravilloso que es ser joven? ¿Cuándo compartí lo tremendo que es sentir como un ente superior gobierna tu vida, y te habla?
Lo peor de todo es que hace un mes no notaba que mi desarrollo intelectual importa un BLEDO. Da igual si soy la mejor abogada del planeta, y me convierto en una profesional exitosa, porque el día que llegue la hora de mi muerte no voy a poder llevarme el titulo que conseguí con tanto esmero. Porque el dios trabajo no me espera en el cielo para decirme: “Hija te levantaste a las seis de la mañana para analizar el caso que te envié para que escudriñaras sin reclamar, por eso tienes un lugar junto a mi”. Cuando muera no voy a llevar chequera, ni las fotos de los viajes que tanto anhelo. Ni si quiera, aunque duela admitirlo, los lazos que he de crear en este lugar serán eternos. Porque ahora entiendo que soy una verdadera peregrina, y estoy aquí de visita.
Para ser sincera lo que quiero de la vida es llevar a cabo el propósito que Dios tiene para mí. Quiero ser de utilidad y compartir el amor que siento gracias a él. Quiero ayudar a la gente, pero no construir casas ni ser voluntaria en el hogar de Cristo (aunque doy gracias por la gente que si siente el deseo de ayudar de aquella forma) Quiero que mi vida sirva para que otros se reencuentren con el único camino.
En diez años tendré treinta. Quiero sentir que le dedique lo que me queda de juventud a Dios y a fortalecer nuestra relación. Quiero estar más cerca de él, de lo que estoy ahora. Espero estar bien con él porque el resto de mis anhelos, si son conforme a su voluntad, vendrán solos. Ya no me importa trabajar con la gente desde una perspectiva psicológica, intelectual o incluso social. Me interesa ser una obrera trabajadora de la causa más grande de todas.
Porque todo el trabajo pro propiedades en este lugar no tiene ningún sentido, porque todo lo tangible que obtengas aquí, aquí se quedará. ¡Para que quiero plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo! El árbol será cortado, el libro se olvidará, y el hijo volverá a su creador. Prefiero vivir para algo más grande que esto, opto por desarrollar la única relación que existirá hasta el fin de los días. Prácticamente la muerte es un regalo, por ser el paso que permite la apertura de la puerta hasta el lugar que has conseguido durante tu tiempo como poblador de este mundo.
El Hoy no es importante, prepara tu mañana, después del ocaso de tu vida en que las opciones que escogiste te guíen hasta quien te gobernó, verdaderamente.
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